El intendente de Malvinas Argentinas acepta a Monsanto


El intendente de Malvinas Argentinas, Daniel Arzani, defendió hoy la llegada de Monsanto al Paraque Industrial de su localidad, a fines de 2013, y destacó la millonaria inversión que realizará la empresa multinacional que generará unos 450 puestos directos de trabajo.

“Vamos a trabajar codo a codo con Medio Ambiente de la Provincia. No vamos a ceder en absolutamente en nada.Fuente:LaVoz.com.ar

Malvinas Argentinas, Córdoba, Argentina


Malvinas Argentina sigue diciendo: ¡Fuera Monsanto!

Por Ecos Córdoba
La consigna de la convocatoria, hecha por la Asamblea Malvinas Lucha por la Vida, fue el rechazo a la instalación de la multinacional Monsanto y el repudio a la represión sufrida el pasado 27 de noviembre. Según lxs vecinxs, la represión tercerizada responde al intendente Daniel Arzani.
El pasado 05 de diciembre, a las dieciocho horas, la concentración comenzó en la rotonda de la ruta 19. Allí se hizo un corte informativo de media calzada durante dos horas, con buena recepción de parte de lxs automovilistas, que llegaron a hacer hasta un kilómetro de cola. Entre lxs participantes, estuvo presente el jugador de Belgrano Héctor “El Hacha” Mansanelli.
Luego, pese a las amenazas de que al día de la fecha una nueva patota agrediría a lxs manifestantes si éstos iban a la Municipalidad, se decidió marchar en esa dirección. Ocupando dos cuadras a media calzada, lxs vecinxs marcharon por la avenida San Martín hasta el sector vallado que rodeaba la Intendencia. Allí, esperaban alrededor de 30 policías de la provincia y 15 agentes del Cuerpo de Infantería Policial. Lxs manifestantes expresaron allí su repudio al intendente, también denunciaron a la patota y explicitaron su defensa a los derechos humanos y a un ambienta sano, y su rechazo a Monsanto. Finalmente, se desconcentraron a las veintiún horas.

El origen de la vida


En 1936, Oparin presentó una versión revisada y ampliada de El origen de la vida. Sostenía: el carbono arrojado por los volcanes se combinó con vapor de agua, formando hidrocarburos. En el océano, esas moléculas se hicieron más complejas y se amontonaron en gotitas llamadas coacervados -acervus, en latín, significa montón-. De a poco, los coacervados fueron adquiriendo las características de las células vivas (ver el recuadro “Requisitos para ser vivo”). Esas células eran microbios anaeróbicos, porque en aquel entonces no había oxígeno en la atmósfera.

Oparin explicó el origen de la vida en términos de procesos físicos y químicos. Una progresión de lo más simple a lo más complejo. Rompió así el círculo vicioso que afirmaba que las sustancias presentes en los seres vivos solamente podían ser fabricadas por los seres vivos. La segunda versión de El origen de la vida fue traducida al inglés por la editorial norteamericana Mac Millan, en 1938. Catorce años después, el libro fue leído por un joven químico norteamericano que merodeaba la Universidad de Chicago en busca de un tema interesante para su tesis de doctorado.

El Señor de los Rayos

Aquella tarde de otoño de 1951, en un aula de la Universidad de Chicago, el disertante habló de los orígenes. El del Sistema Solar y el de la vida en la Tierra. Especuló acerca de la primitiva atmósfera terrestre y las condiciones que permitieron la formación de las primeras células.

Unos meses más tarde, uno de los jóvenes asistentes a la conferencia se presentó ante el disertante. Le pidió que dirigiera su tesis doctoral. Quería hacer experimentos que reprodujeran el ambiente de la Tierra primitiva. El disertante intentó disuadirlo. El trabajo sería arduo, posiblemente no funcionaría. Porque no pudo convencer al joven, le propuso una alternativa amable: trabajar en el tema durante unos meses. Si no obtenía resultados alentadores, se dedicaría a una investigación más convencional.

El disertante era el químico norteamericano Harold Urey. Había participado en el desarrollo de las bombas atómica y de hidrógeno. El Nobel de Química de 1934 fue para él. El nuevo discípulo era Stanley Miller. Tenía 23 años. Había estudiado Química en la Universidad de California. Llevaba varios meses buscando un tema interesante para su tesis de doctorado.

Los seis meses propuestos por Urey fueron más que suficientes. En unas pocas semanas Miller leyó los escritos de Oparin y Urey, hizo construir un aparato sencillo, realizó un experimento simple y exitoso. Miller mezcló vapor de agua, metano, amoníaco e hidrógeno. Para Oparin y Urey, esos eran los gases presentes en la primitiva atmósfera terrestre. Miller simuló tormentas eléctricas mediante dos electrodos de tungsteno. Con una bobina Tesla produjo descargas de 60.000 voltios.

Una mañana, Miller encontró que el agua dentro del aparato se había vuelto rosa. La analizó cuidadosamente. Encontró aminoácidos, la sustancia de la que están hechas las proteínas. Era la primera prueba experimental que avalaba las ideas de Oparin.

Miller envió sus resultados a Science, una de las revistas científicas más importantes del mundo. “Uno de los árbitros simplemente no lo creyó y retardó la publicación del artículo -declaró Miller tiempo después-. Luego se disculpó conmigo. Fue bastante raro que, aunque Urey avalaba el trabajo, se hiciera difícil publicarlo. Si yo hubiera enviado el artículo a Science por mi propia cuenta, el original todavía estaría en el fondo de un montón. Pero el experimento era tan fácil de reproducir que no pasó mucho tiempo antes de que fuera convalidado”.

Así, mientras al otro lado del Atlántico el grupo de Frederick Sanger obtenía la primera secuencia de aminoácidos de una proteína, y Watson yCrick se devanaban los sesos para descubrir antes que Linus Pauling la estructura del ADN, un estudiante de doctorado enchufaba en Chicago una bobina Tesla y creaba una nueva disciplina: la química prebiótica.