Transicion: Nosotros y nuestro futuro

El Pentágono se prepara para una larga y ardua transición hacia la era «post-petróleo»

Enviado por JULIO FUENTES CHAVARRIGA el 02/12/2010 a las 16:00
JULIO FUENTES CHAVARRIGA

En los últimos meses, y pese a la crisis económica, los asuntos energéticos están siendo objeto de distintos e interesantes debates en Washington. Si bien las diferencias entre los partidos son evidentes y están retrasando la aprobación de distintos proyectos de leyes energéticas, puede decirse que existe entre la clase política norteamericana una tendencia bien asentada sobre la importancia de la «diversificación energética más allá del petróleo» para el futuro de Estados Unidos. Y eso es algo que se aprecia en el Pentágono.

Según datos del Departamento de Energía, la demanda mundial de petróleo ha aumentado de forma constante en las últimas cuatro décadas, pasando de alrededor de 63 millones de barriles por día en 1980 a más de 85 millones de la actualidad. Si la tendencia continúa, se espera que en el 2035 la demanda se sitúe en torno a 110,6 millones de barriles por día.

Por esa razón, y dada la importancia del asunto, parece conveniente llamar la atención sobre la relación entre diversificación energética y el campo de la defensa. Como han puesto de relieve algunos estudios de defensa o el prestigioso MIT, un buen indicativo de cómo está la situación energética a día de hoy es observar el campo de la defensa o el militar. Por ejemplo, en Washington se habla del modelo Chevron, interrelación energía renovable-petróleo.

Los oficiales del Pentágono lo tienen claro: el ejército de Estados Unidos debe prepararse «ahora» para realizar una transición suave hacia un futuro en el que no dependa del petróleo. Evidentemente, esto no es una tarea fácil, ya que el 77,7% de las necesidades energéticas del Pentágono provienen del petróleo; 8,4% del gas natural; 1,8% al carbón; otras fuentes renovables 1%; otras fuentes eléctricas 11,4%. Estos datos incluyen: aeronaves, vehículos terrestres, embarcaciones, sistemas de armamento, combustible, etc.

Este interesante asunto ha levantado el interés de uno de los principales think tanks en defensa, el Center for New American Security. Concretamente, el estudio al que nos referimos tiene por título «In Fueling the Future Force: Preparing the Department of Defense for a Post-Petroleum Era», o algo así como «preparando al Pentágono para la era post-petróleo». En dicho estudio, los autores Christine Parthemore y John Nagl sostienen que para que las fuerzas armadas norteamericanas estén listas para hacer frente a los desafíos del mañana, deben asegurarse que pueden operar «a pleno rendimiento y con todos los sistemas» sin depender como hasta ahora del petróleo para el año 2040; si bien el documento recuerda que llevará décadas realizar dicha transición.

Parthemore y Nagl recomiendan, a través de 12 principios, que intentan servir de «hoja de ruta» al Pentágono, con el fin de señalar el camino hacia la innovación tecnológica, la diversificación en las fuentes de combustible y la eficiencia en la protección contra la inestabilidad de los precios. En definitiva, con el objetivo final de satisfacer las necesidades económicas, políticas y medioambientales de Estados Unidos en las próximas décadas.
Los 12 principios básicos para el desarrollo de una estrategia energética para el Pentágonoson:

1. Establecer una política energética común.
2. Desarrollar directrices claras para el Pentágono.
3. Planificación para un futuro incierto.
4. Hincapié en la demanda de nuevos combustibles para los equipos anticuados.
5. Continuar el incremento de combustibles alternativos en las instalaciones domésticas
6. Invertir para maximizar en el impacto.
7. Ahorro de energía manteniendo el cambio.
8. Comprender que la energía no es gratis.
9. Promover una visión común energética en el Pentágono.
10. Involucrar a los «aliados» en la transición energética.
11. Eficacia en la gestión de la energía.
12. Hay que planificar para el peor escenario posible.

Como decíamos, el estudio recuerda que dicha transición no será nada fácil y que llevará mucho tiempo; sin embargo, hace énfasis en que, afortunadamente, el sector de la defensa en Estados Unidos ha realizado varias transiciones energéticas con éxito en su historia. En particular, se cita el paso del carbón al petróleo y de ahí a la energía nuclear en los buques o al rápido uso de la electrónica, los sistemas espaciales y los sistemas informáticos en la guerra moderna. Todas estas experiencias pueden ofrecer lecciones para el Pentágono, con el fin de aprovechar y maximizar la transición energética.

Entre las razones de la necesidad de un cambio se encuentran diversas razones y riesgos geoestratégicos. Por ejemplo, la alta volatilidad en los precios y la creciente demanda del petróleo, así como la dependencia en regímenes «no amigos», tales como Venezuela e Irán. También el comportamiento internacional de países como China, que tienen como objetivo asegurarse el acceso a recursos naturales. E, incluso, el caso de México, uno de los principales proveedores de petróleo donde los canales de distribución o proveedores son objetivos cada vez más atractivos para los carteles, obteniendo una enorme fuente de financiación y el socavamiento del gobierno mexicano.

En suma, los autores sostienen que dicha planificación en el presente debe servir para mejorar las condiciones en el futuro del ejército estadounidense. Y, con ello, garantizar y cumplir el mandato de seguridad nacional para proteger al país.

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