MALVINAS ARGENTINA Y SU PROGRESO DESDE 1999

El capital social como eje analítico

Lo que planteo en estas páginas se sustenta, de modo general, en un análisis relacional de la pobreza, y supone la adopción de una mirada particular de la problemática, que ha sido construida a partir de discusiones teórico-metodológicas y de investigaciones empíricas, y que he sistematizado y desarrollado en otro lugar (Gutiérrez, 2007).

De modo más específico, remiten a una investigación en marcha desde 2004 en la localidad de Malvinas Argentinas (provincia de Córdoba, Argentina), acerca de los recursos o capitales que disponen las familias pobres residentes (en sus dimensiones objetivadas e incorporadas) y de las redes sociales que construyen para resolver su reproducción social.1

La investigación parte entonces de la problemática de las «estrategias de reproducción social», haciendo hincapié en la noción de capital social y en sus relaciones y posibilidades de reconversión respecto a otras especies de capital, especialmente capital político y capital militante. Inspirada especialmente en los trabajos de Bourdieu, esta perspectiva considera a las estrategias de reproducción social como «conjunto de prácticas fenomenalmente muy diferentes, por medio de las cuales los individuos y las familias tienden, de manera consciente o inconsciente, a conservar o a aumentar su patrimonio, y correlativamente a mantener o mejorar su posición en la estructura de las relaciones de clase» (Bourdieu, 1988b:122).2

De esta manera, el eje de interrogación privilegiado está constituido por los lazos entre uno de los tipos de recursos que componen el patrimonio familiar (el capital social bajo diferentes formas), las redes que se articulan sobre esa base y las diferentes estrategias puestas en marcha de ese modo. Por capital social se entiende el

«conjunto de recursos actuales o potenciales que están ligados a la posesión de una red durable de relaciones más o menos institucionalizadas de inter-conocimiento y de inter-reconocimiento; o, en otros términos, a la pertenencia a un grupo , como conjunto de agentes que no están solamente dotados de propiedades comunes (susceptibles de ser percibidas por el observador, por los otros o por ellos mismos) sino que están también unidos por vínculos permanentes y útiles» (Bourdieu, 1980:2, destacado del autor).3

A partir de todos estos elementos, sostengo, a modo de hipótesis, que en el sistema de las estrategias de reproducción social, las familias pobres generan prácticas —sin ser necesariamente conscientes de los mecanismos— que toman como apuesta principal su disponibilidad de capital social, movilizado en intercambios a través de diferentes tipos de redes, que pueden incidir tanto en la superación como en la reproducción de sus condiciones de pobreza.

Como hipótesis complementarias, sostengo que: a) dicho capital social puede cobrar diferentes formas (individual, familiar, colectivo), cada una de las cuales podrá dar lugar a la conformación de diferentes redes, que, a su vez, pueden asociar a las familias pobres entre sí o a ellas con agentes o instituciones que ocupan otras posiciones en el espacio social; b) además, y especialmente en relación con la conformación de redes que unen a pobres con no-pobres, una dimensión fundamental es el capital social colectivo, y, más concretamente, sus posibilidades de reconversión en otras especies de capital (capital político, capital militante); y c) pensar en capital social colectivo supone también la hipótesis de la existencia de una lucha por su apropiación (o monopolización) entre los distintos componentes de las redes, lo que implica entonces sostener que las relaciones de poder que estructuran los espacios sociales más generales pueden encontrarse también —aunque conformadas en torno a otro tipo de recursos— en el seno de espacios específicos y, en apariencia, igualitarios.

El escenario de las redes

El Hornero y Nicolás de Bari son dos barrios de la localidad de Malvinas Argentinas, surgidos en el marco de un proceso de relocalización —política pública mediante— de diversas familias residentes en «villas» pobres de la ciudad de Córdoba. Ambos barrios cuentan con servicios de agua y de luz eléctrica y se han incorporado al sistema sanitario de la localidad. Los vecinos asisten al dispensario que se encuentra sobre el camino a Monte Cristo y la gran mayoría de los niños concurre a las escuelas locales. El transporte es variado: hay tres empresas con diferentes horarios de colectivos que pasan por las arterias principales del microcentro de la ciudad capital, lo cual es importante pues la mayoría de los vecinos trabajan allí y algunos niños y jóvenes siguen viajando a dicha ciudad para estudiar.

Las compras se realizan en un supermercado de la avenida principal, aunque muchos manifiestan que adquieren lo que necesitan directamente en el centro de Córdoba y lo transportan en el colectivo, que los deja a dos cuadras. Comprar en el centro de su localidad, sin medio de movilidad propio, presenta la desventaja de cargar bolsas por más de quince cuadras. En el sector no se cuenta con ningún servicio de teléfono, y ésta es una de las necesidades más sentidas por sus pobladores, ya que ante cualquier emergencia deben trasladarse al centro de Malvinas Argentinas.

Distante a 16 kilómetros de la ciudad capital, Malvinas Argentinas había nacido como un caserío a la vera del ferrocarril en el siglo XIX, pero fue en las dos últimas décadas del siglo XX cuando cobró impulso la radicación de la población y se observó una marcada reactivación en la venta de lotes. Se trata de una localidad con graves deficiencias en infraestructura y equipamientos urbanos, que carece de dinámica económica propia y es altamente dependiente de la ciudad de Córdoba, pero, al mismo tiempo, ofrece ventajas para las condiciones de vida de sus habitantes, principalmente por su cercanía a la capital (centro de abastecimiento y de trabajo) y por el costo accesible del suelo y de la vivienda. Por todo ello, se constituyó en un centro receptor de población de menores ingresos, fundamentalmente provenientes de la ciudad de Córdoba, cobrando así características de «ciudad dormitorio de pobres.» (Tecco y Bressan, 2003).

Entre los años 2000 y 2001, el Gobierno de la Provincia de Córdoba confeccionó un relevamiento de organizaciones propietarias de tierras y comenzó a delinear un conjunto de acciones vinculadas a políticas de hábitat, en torno a varios programas (Programa «12000 viviendas», Programa «Nuevos Barrios», Programa «Mi casa, mi vida»), que, entre 2001 y 2004, planteaban un mismo objetivo: dar soluciones habitacionales a familias situadas en los márgenes del río Suquía —que atraviesa la ciudad—, sus inmediaciones, sus canales o canales de riego. Constaban de diversos componentes: un componente habitacional a cargo de la Dirección Provincial de la Vivienda (responsable de la construcción de un módulo básico de 42 m 2 ); un componente social bajo la órbita del Ministerio de la Solidaridad (responsable del seguimiento de procesos sociales anteriores y posteriores a las relocalizaciones de las familias y de las «comunidades») y un componente ambiental bajo la órbita de la Agencia Córdoba Ambiente (responsable de la realización del proceso de remediación de la trama urbana liberada en los procesos de relocalización).
Hoy ya tiene una cooperativa de trabajo, «5 de agosto» iniciada en abril de 2009. Si bien las obras estan paradas, por temas economicos, es importante que los emprendedores puedan seguir gestionando.

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