Tartagal: el mensaje de la Virgen…»barro»

El barro que se llevò a Tartagal en Salta tiene un significado simbólico muy grande. La tierra…y el barro….La tierra es el soporte físico de todas las cosas; es el do, en»»

La tierra es el soporte físico de todas las cosas; es el estado más compacto de la materia, siendo, en definitiva, nuestra base y nuestro campo de acción. La tierra representa el estado final de un ciclo de experiencias. Experiencias que se intuyeron y se les puso voluntad con «el fuego», que se desearon hacer y comenzaron a crearse con «el agua», que se estudiaron y planificaron con “el aire», y que finalmente llegaron a un resultado práctico con «la tierra». La tierra es, por lo tanto, nuestra realidad, y de ella se obtienen los frutos que evidencian si la semilla plantada fue buena o mala.
En los sueños, la tierra como materia suele estar siempre presente y no tiene un significado concreto, salvo cuando alcanza protagonismo a través de algunos aspectos de la naturaleza como el barro, las rocas, una cueva o el desierto. El barro es la mezcla de agua con tierra, y simboliza algo que tiene poca consistencia y todavía no ha adquirido una forma determinada. Siguiendo esta analogía, cuando mezclamos los sentimientos (agua) con los asuntos de orden práctico (tierra), nunca se sabe a qué resultado se va a llegar. Sin embargo, y siempre dependiendo de la cantidad de agua, el barro adquiere un simbolismo muy positivo: el de la creatividad. Adán fue creado por Dios a partir del barro, nos dice metafóricamente el Antiguo Testamento. Con barro se puede moldear, y cuando en sueños nos vemos manejando barro o arcilla, indica que tenemos la capacidad y posibilidad necesaria para emprender con éxito los proyectos que tengamos en mente. En cambio, cuando se trata de un barro liquido que sólo sirve para ensuciarnos, su simbolismo difiere bastante y nos advierte que miremos bien el terreno que pisamos porque quizá en algún aspecto de nuestra vida vayamos por mal camino.

Las rocas, en su aspecto positivo, se identifican con la solidez, la resistencia y perseverancia: son la base de las construcciones materiales e indican perdurabilidad. Sin embargo como contrapartida, simbolizan la obstinación y la dureza de sentimientos; «tiene el corazón como una piedra” o “duro como una roca», son frases que se utilizan con frecuencia en este sentido. Los sueños en los que nos vemos cargando con piedras, nos dan una pedrada, o bien nuestro camino se ve interceptado por rocas, indicarán que se avecinan dificultades materiales y que tropezaremos con obstáculos e intransigencias.
Otros sueños nos llevan al interior de la tierra por túneles. cuevas o subterráneos. Se trata de sueños que reflejan nuestro mundo interior; en ellos podemos hacer un hallazgo de objetos o reliquias que sin duda nos hablarían de nuestra vocación oculta. Quizá incluso logremos encontrar un tesoro que, por analogía, nos llevaría a descubrir la riqueza espiritual y creativa que aún tenemos sin desarrollar. O, por el contrario, podemos perdernos entre pasadizos y galerías; entonces el sueño nos estaría diciendo que deberíamos tratar de conocernos mejor.

Cuando las imágenes oníricas nos presentan una tierra árida y seca como el desierto, y nos encontramos allí sin agua y a merced del sol, el sueño refleja una situación de soledad y penuria que posiblemente estamos viviendo. Nuestro trabajo no da el fruto necesario y nos vemos obligados a realizar un esfuerzo que no compensa. La falta de agua indica también falta de amor, de afecto y de comprensión.
La simbología de los cuatro elementos se ve reflejada continuamente en la naturaleza, y cuando se integra un elemento en armonía con otro, suceden las más valiosas manifestaciones de vida. El fuego necesita al aire (la combustión) para mantenerse. El aire necesita al fuego (los cambios de temperatura) para moverse. El agua necesita de la tierra para poder tomar forma y contenerse. Y la tierra necesita del agua para ser fértil, del fuego (sol) para que crezcan sus frutos y del aire para transportar sus semillas. La naturaleza en sí es el gran libro de las analogías y todo lo contiene. Observando los procesos naturales podremos hacer grandes descubrimientos.  definitiva, nuestra base y nuestro campo de acción. La tierra representa el estado final de un ciclo de experiencias. Experiencias que se intuyeron y se les puso voluntad con «el fuego», que se desearon hacer y comenzaron a crearse con «el agua», que se estudiaron y planificaron con “el aire», y que finalmente llegaron a un resultado práctico con «la tierra». La tierra es, por lo tanto, nuestra realidad, y de ella se obtienen los frutos que evidencian si la semilla plantada fue buena o mala.
En los sueños, la tierra como materia suele estar siempre presente y no tiene un significado concreto, salvo cuando alcanza protagonismo a través de algunos aspectos de la naturaleza como el barro, las rocas, una cueva o el desierto. El barro es la mezcla de agua con tierra, y simboliza algo que tiene poca consistencia y todavía no ha adquirido una forma determinada. Siguiendo esta analogía, cuando mezclamos los sentimientos (agua) con los asuntos de orden práctico (tierra), nunca se sabe a qué resultado se va a llegar. Sin embargo, y siempre dependiendo de la cantidad de agua, el barro adquiere un simbolismo muy positivo: el de la creatividad. Adán fue creado por Dios a partir del barro, nos dice metafóricamente el Antiguo Testamento. Con barro se puede moldear, y cuando en sueños nos vemos manejando barro o arcilla, indica que tenemos la capacidad y posibilidad necesaria para emprender con éxito los proyectos que tengamos en mente. En cambio, cuando se trata de un barro liquido que sólo sirve para ensuciarnos, su simbolismo difiere bastante y nos advierte que miremos bien el terreno que pisamos porque quizá en algún aspecto de nuestra vida vayamos por mal camino.

Las rocas, en su aspecto positivo, se identifican con la solidez, la resistencia y perseverancia: son la base de las construcciones materiales e indican perdurabilidad. Sin embargo como contrapartida, simbolizan la obstinación y la dureza de sentimientos; «tiene el corazón como una piedra” o “duro como una roca», son frases que se utilizan con frecuencia en este sentido. Los sueños en los que nos vemos cargando con piedras, nos dan una pedrada, o bien nuestro camino se ve interceptado por rocas, indicarán que se avecinan dificultades materiales y que tropezaremos con obstáculos e intransigencias.
Otros sueños nos llevan al interior de la tierra por túneles. cuevas o subterráneos. Se trata de sueños que reflejan nuestro mundo interior; en ellos podemos hacer un hallazgo de objetos o reliquias que sin duda nos hablarían de nuestra vocación oculta. Quizá incluso logremos encontrar un tesoro que, por analogía, nos llevaría a descubrir la riqueza espiritual y creativa que aún tenemos sin desarrollar. O, por el contrario, podemos perdernos entre pasadizos y galerías; entonces el sueño nos estaría diciendo que deberíamos tratar de conocernos mejor.

Cuando las imágenes oníricas nos presentan una tierra árida y seca como el desierto, y nos encontramos allí sin agua y a merced del sol, el sueño refleja una situación de soledad y penuria que posiblemente estamos viviendo. Nuestro trabajo no da el fruto necesario y nos vemos obligados a realizar un esfuerzo que no compensa. La falta de agua indica también falta de amor, de afecto y de comprensión.
La simbología de los cuatro elementos se ve reflejada continuamente en la naturaleza, y cuando se integra un elemento en armonía con otro, suceden las más valiosas manifestaciones de vida. El fuego necesita al aire (la combustión) para mantenerse. El aire necesita al fuego (los cambios de temperatura) para moverse. El agua necesita de la tierra para poder tomar forma y contenerse. Y la tierra necesita del agua para ser fértil, del fuego (sol) para que crezcan sus frutos y del aire para transportar sus semillas. La naturaleza en sí es el gran libro de las analogías y todo lo contiene. Observando los procesos naturales podremos hacer grandes descubrimientos.

TiLa tierra es el soporte físico de todas las coLa tierra es el soporte físico de todas las cosas; es el estado más compacto de la materia, siendo, en definitiva, nuestra base y nuestro campo de acción. La tierra representa el estado final de un ciclo de experiencias. Experiencias que se intuyeron y se les puso voluntad con «el fuego», que se desearon hacer y comenzaron a crearse con «el agua», que se estudiaron y planificaron con “el aire», y que finalmente llegaron a un resultado práctico con «la tierra». La tierra es, por lo tanto, nuestra realidad, y de ella se obtienen los frutos que evidencian si la semilla plantada fue buena o mala.
En los sueños, la tierra como materia suele estar siempre presente y no tiene un significado concreto, salvo cuando alcanza protagonismo a través de algunos aspectos de la naturaleza como el barro, las rocas, una cueva o el desierto. El barro es la mezcla de agua con tierra, y simboliza algo que tiene poca consistencia y todavía no ha adquirido una forma determinada. Siguiendo esta analogía, cuando mezclamos los sentimientos (agua) con los asuntos de orden práctico (tierra), nunca se sabe a qué resultado se va a llegar. Sin embargo, y siempre dependiendo de la cantidad de agua, el barro adquiere un simbolismo muy positivo: el de la creatividad. Adán fue creado por Dios a partir del barro, nos dice metafóricamente el Antiguo Testamento. Con barro se puede moldear, y cuando en sueños nos vemos manejando barro o arcilla, indica que tenemos la capacidad y posibilidad necesaria para emprender con éxito los proyectos que tengamos en mente. En cambio, cuando se trata de un barro liquido que sólo sirve para ensuciarnos, su simbolismo difiere bastante y nos advierte que miremos bien el terreno que pisamos porque quizá en algún aspecto de nuestra vida vayamos por mal camino.

Las rocas, en su aspecto positivo, se identifican con la solidez, la resistencia y perseverancia: son la base de las construcciones materiales e indican perdurabilidad. Sin embargo como contrapartida, simbolizan la obstinación y la dureza de sentimientos; «tiene el corazón como una piedra” o “duro como una roca», son frases que se utilizan con frecuencia en este sentido. Los sueños en los que nos vemos cargando con piedras, nos dan una pedrada, o bien nuestro camino se ve interceptado por rocas, indicarán que se avecinan dificultades materiales y que tropezaremos con obstáculos e intransigencias.
Otros sueños nos llevan al interior de la tierra por túneles. cuevas o subterráneos. Se trata de sueños que reflejan nuestro mundo interior; en ellos podemos hacer un hallazgo de objetos o reliquias que sin duda nos hablarían de nuestra vocación oculta. Quizá incluso logremos encontrar un tesoro que, por analogía, nos llevaría a descubrir la riqueza espiritual y creativa que aún tenemos sin desarrollar. O, por el contrario, podemos perdernos entre pasadizos y galerías; entonces el sueño nos estaría diciendo que deberíamos tratar de conocernos mejor.

Cuando las imágenes oníricas nos presentan una tierra árida y seca como el desierto, y nos encontramos allí sin agua y a merced del sol, el sueño refleja una situación de soledad y penuria que posiblemente estamos viviendo. Nuestro trabajo no da el fruto necesario y nos vemos obligados a realizar un esfuerzo que no compensa. La falta de agua indica también falta de amor, de afecto y de comprensión.
La simbología de los cuatro elementos se ve reflejada continuamente en la naturaleza, y cuando se integra un elemento en armonía con otro, suceden las más valiosas manifestaciones de vida. El fuego necesita al aire (la combustión) para mantenerse. El aire necesita al fuego (los cambios de temperatura) para moverse. El agua necesita de la tierra para poder tomar forma y contenerse. Y la tierra necesita del agua para ser fértil, del fuego (sol) para que crezcan sus frutos y del aire para transportar sus semillas. La naturaleza en sí es el gran libro de las analogías y todo lo contiene. Observando los procesos naturales podremos hacer grandes descubrimientos.

sas; es el estado más compacto de la materia, siendo, en definitiva, nuestra base y nuestro campo de acción. La tierra representa el estado final de un ciclo de experiencias. Experiencias que se intuyeron y se les puso voluntad con «el fuego», que se desearon hacer y comenzaron a crearse con «el agua», que se estudiaron y planificaron con “el aire», y que finalmente llegaron a un resultado práctico con «la tierra». La tierra es, por lo tanto, nuestra realidad, y de ella se obtienen los frutos que evidencian si la semilla plantada fue buena o mala.
En los sueños, la tierra como materia suele estar siempre presente y no tiene un significado concreto, salvo cuando alcanza protagonismo a través de algunos aspectos de la naturaleza como el barro, las rocas, una cueva o el desierto. El barro es la mezcla de agua con tierra, y simboliza algo que tiene poca consistencia y todavía no ha adquirido una forma determinada. Siguiendo esta analogía, cuando mezclamos los sentimientos (agua) con los asuntos de orden práctico (tierra), nunca se sabe a qué resultado se va a llegar. Sin embargo, y siempre dependiendo de la cantidad de agua, el barro adquiere un simbolismo muy positivo: el de la creatividad. Adán fue creado por Dios a partir del barro, nos dice metafóricamente el Antiguo Testamento. Con barro se puede moldear, y cuando en sueños nos vemos manejando barro o arcilla, indica que tenemos la capacidad y posibilidad necesaria para emprender con éxito los proyectos que tengamos en mente. En cambio, cuando se trata de un barro liquido que sólo sirve para ensuciarnos, su simbolismo difiere bastante y nos advierte que miremos bien el terreno que pisamos porque quizá en algún aspecto de nuestra vida vayamos por mal camino.

Las rocas, en su aspecto positivo, se identifican con la solidez, la resistencia y perseverancia: son la base de las construcciones materiales e indican perdurabilidad. Sin embargo como contrapartida, simbolizan la obstinación y la dureza de sentimientos; «tiene el corazón como una piedra” o “duro como una roca», son frases que se utilizan con frecuencia en este sentido. Los sueños en los que nos vemos cargando con piedras, nos dan una pedrada, o bien nuestro camino se ve interceptado por rocas, indicarán que se avecinan dificultades materiales y que tropezaremos con obstáculos e intransigencias.
Otros sueños nos llevan al interior de la tierra por túneles. cuevas o subterráneos. Se trata de sueños que reflejan nuestro mundo interior; en ellos podemos hacer un hallazgo de objetos o reliquias que sin duda nos hablarían de nuestra vocación oculta. Quizá incluso logremos encontrar un tesoro que, por analogía, nos llevaría a descubrir la riqueza espiritual y creativa que aún tenemos sin desarrollar. O, por el contrario, podemos perdernos entre pasadizos y galerías; entonces el sueño nos estaría diciendo que deberíamos tratar de conocernos mejor.

Cuando las imágenes oníricas nos presentan una tierra árida y seca como el desierto, y nos encontramos allí sin agua y a merced del sol, el sueño refleja una situación de soledad y penuria que posiblemente estamos viviendo. Nuestro trabajo no da el fruto necesario y nos vemos obligados a realizar un esfuerzo que no compensa. La falta de agua indica también falta de amor, de afecto y de comprensión.
La simbología de los cuatro elementos se ve reflejada continuamente en la naturaleza, y cuando se integra un elemento en armonía con otro, suceden las más valiosas manifestaciones de vida. El fuego necesita al aire (la combustión) para mantenerse. El aire necesita al fuego (los cambios de temperatura) para moverse. El agua necesita de la tierra para poder tomar forma y contenerse. Y la tierra necesita del agua para ser fértil, del fuego (sol) para que crezcan sus frutos y del aire para transportar sus semillas. La naturaleza en sí es el gran libro de las analogías y todo lo contiene. Observando los procesos naturales podremos hacer grandes descubrimientos.

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La tierra es el soporte físico de todas las cosas; es el estado más compacto de la materia, siendo, en definitiva, nuestra base y nuestro campo de acción. La tierra representa el estado final de un ciclo de experiencias. Experiencias que se intuyeron y se les puso voluntad con «el fuego», que se desearon hacer y comenzaron a crearse con «el agua», que se estudiaron y planificaron con “el aire», y que finalmente llegaron a un resultado práctico con «la tierra». La tierra es, por lo tanto, nuestra realidad, y de ella se obtienen los frutos que evidencian si la semilla plantada fue buena o mala.
En los sueños, la tierra como materia suele estar siempre presente y no tiene un significado concreto, salvo cuando alcanza protagonismo a través de algunos aspectos de la naturaleza com
s bien el terreno que pisamos porque quizá en algún aspecto de nuestra vida vayamos por mal camino.

Las rocas, en su aspecto positivo, se identifican con la solidez, la resistencia y perseverancia: son la base de las construcciones materiales e indican perdurabilidad. Sin embargo como contrapartida, simbolizan la obstinación y la dureza de sentimientos; «tiene el corazón como una piedra” o “duro como una roca», son frases que se utilizan con frecuencia en este sentido. Los sueños en los que nos vemos cargando con piedras, nos dan una pedrada, o bien nuestro camino se ve interceptado por rocas, indicarán que se avecinan dificultades materiales y que tropezaremos con obstáculos e intransigencias.
Otros sueños nos llevan al interior de la tierra por túneles. cuevas o subterráneos. Se trata de sueños que reflejan nuestro mundo interior; en ellos podemos hacer un hallazgo de objetos o reliquias que sin duda nos hablarían de nuestra vocación oculta. Quizá incluso logremos encontrar un tesoro que, por analogía, nos llevaría a descubrir la riqueza espiritual y creativa que aún tenemos sin desarrollar. O, por el contrario, podemos perdernos entre pasadizos y galerías; entonces el sueño nos estaría diciendo que deberíamos tratar de conocernos mejor.

Cuando las imágenes oníricas nos presentan una tierra árida y seca como el desierto, y nos encontramos allí sin agua y a merced del sol, el sueño refleja una situación de soledad y penuria que posiblemente estamos viviendo. Nuestro trabajo no da el fruto necesario y nos vemos obligados a realizar un esfuerzo que no compensa. La falta de agua indica también falta de amor, de afecto y de comprensión.
La simbología de los cuatro elementos se ve reflejada continuamente en la naturaleza, y cuando se integra un elemento en armonía con otro, suceden las más valiosas manifestaciones de vida. El fuego necesita al aire (la combustión) para mantenerse. El aire necesita al fuego (los cambios de temperatura) para moverse. El agua necesita de la tierra para poder tomar forma y contenerse. Y la tierra necesita del agua para ser fértil, del fuego (sol) para que crezcan sus frutos y del aire para transportar sus semillas. La naturaleza en sí es el gran libro de las analogías y todo lo contiene. Observando los procesos naturales podremos hacer grandes descubrimientos.

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