La Presidenta Cristina habla de las adicciones

Muy buenas tardes a todos y a todas.
En principio, agradecer este trabajo a la comisión de científicos que trabajaron, doctor Cattani, doctora Giberti, al titular de la cátedra de Toxicomanía de la UBA y a todos los profesionales que ha nombrado el señor ministro de Justicia por esta tarea que hicieron que, realmente, es impresionante.
Como primera cuestión quiero aclarar, porque se hizo una mención a las mujeres fumadoras de Santa Cruz como las mayores de todo el país, que este año van a hacer veinte que dejé de fumar. Yo era una fumadora compulsiva, fumaba dos atados por día como mínimo y encendía un cigarrillo con la colilla del otro, me levantaba y antes de desayunar encendía un cigarrillo y el 31 de diciembre de 1988, a las 12 de la noche, recuerdo, dejé de fumar, apagué mi último cigarrillo y hasta el día de hoy no volví a encender un cigarrillo.
Respecto de las otras adicciones, afortunadamente, nunca tuve ninguna, no me gusta el alcohol y nunca he probado ninguna sustancia de ninguna índole.
Creo que estos datos nos plantean algunas cosas muy interesantes y para reflexionar, no para afirmar, sino para reflexionar y plantearse interrogantes. A mí siempre en estos temas no me gusta ser taxativa, primero, porque no soy una especialista y, segundo, porque creo que no solamente hay problemas de prevención y de reprensión sino también creo que el principal problema, sobre todo en determinadas adicciones, tiene que ver con cuestiones culturales, de la vida en las grandes urbes, con cuestiones que hacen más también a la condición humana y a la evolución de lo que ha sido la institución familiar como gran contenedora de los hombres y de las mujeres.
Muchas veces, cuando uno habla de inclusión, siempre habla de inclusión social desde el aspecto económico, es decir, que uno quiere incorporar a la gente que está pobre o indigente o que está por debajo de la línea de pobreza o por debajo de la línea de indigencia, pero yo creo que cuando hablamos de estos temas, tenemos que hablar también de otro tipo de inclusión y que es una inclusión que no tiene que ver con lo económico, sino que tiene que ver con lo cultural, con lo familiar y con lo social. Porque sino, uno no se explicaría, por ejemplo, que sea precisamente la ciudad de Buenos Aires, la de mayor ingreso per cápita, la de mayor nivel de vida, la que tiene los mayores índices de adicción, tanto en alcoholismo como en estimulantes, tranquilizantes, en cocaína o en marihuana. Esta es una ciudad que tiene la inmensa suerte de tener un ingreso per cápita parecido al de cualquier país europeo donde también muchas veces vemos grandes problemas en materia de adicciones a las drogas.
Quiere decir, entonces, que estamos ante el problema de las adicciones que puede tener un aspecto económico pero que yo creo que, fundamentalmente, tiene un aspecto de modificación de los comportamientos, de los valores, de los hábitos de vida, de las modificaciones también de la vida que hemos tenido las familias en la Argentina y en el mundo como consecuencia de todo lo que es la comunicación, de lo que puede ser el acceso, inclusive

 No deja de llamar la atención también que muchas veces esas adicciones se descubren en sectores de altísimo poder adquisitivo a los cuales no les faltaría absolutamente nada material y, sin embargo, tienen fuertes adicciones.
Entonces, surge el interrogante -no lo digo como afirmación, vuelvo a plantearlo como un interrogante y como una reflexión- que tiene que ser el de crisis de valores también de una sociedad, que no es solamente la nuestra, sino una sociedad contemporánea, un mundo tal vez sin objetivos, con una familia donde el padre puede darle al hijo todo lo que quiere pero tal vez no todo lo que necesita, que son dos cosas diferentes.
Muchas veces uno cree que hace bien con los hijos dándoles todo lo material y todo lo mejor, pero tal vez no es lo que necesitan, tal vez lo que necesitan es otra cosa o que necesitamos todos y, entonces, como no soy especialista -sino voy a sufrir un reto por parte del señor Ministro al hablar de estas cosas-, creo que también en este tema debemos plantearnos la necesidad de instalar nuevos paradigmas, nuevos valores, nuevos objetivos en la sociedad, en nuestra juventud, en nuestras familias, volver a rescatar la vida de la familia como el gran contenedor, como el gran educador, la primera gran educadora. Yo siempre he sostenido esto y son los valores en los cuales todos hemos sido creados.
Por eso, creo que lo importante de este mapa que hoy nos plantea por primera vez una encuesta con 51 mil hogares, o sea, con un altísimo grado de aproximación a la realidad concreta que estamos viviendo, es que no solamente va a ser necesaria una política de cada uno de los ministerios que hoy nos acompañan aquí, sino también un planteo de la sociedad, de la familia, de los valores de todos y de cada uno de nosotros y de todos aquellos que son efectores de información y de comunicación, de valores y paradigmas para poder comenzar a cambiar esta realidad que, afortunadamente, no se ha profundizado, como decía el señor Ministro, pero que realmente, aún cuando haya una sola persona con adicción, debemos poner todo el esfuerzo para que esa persona pueda salir de esa situación.

Porque, en realidad, yo creo que -siempre lo he pensado, por allí estoy equivocada- las adicciones siempre son demandas o llamadas que cada uno de los que tiene esa adicción está haciendo a alguien o algo. Creo que es tal vez para escapar de una realidad, por lo que uno puede ver cuando ha tenido algún amigo que ha padecido alguna adicción como, por ejemplo, el alcohol. Yo he tenido un amigo muy querido que tuvo este problema y se murió producto de la adicción y realmente muchas veces es la falta de contención, de afectos lo que puede llevar a las personas a esto.
Por eso, a mí no me gusta esa gente que condena con mucha facilidad al que tiene una adicción como si fuera un criminal, como si fuera una persona que debería ser perseguida. Los que deben ser perseguidos son los que venden las sustancias, los que se las dan, los que comercian, los que comercializan. Pero realmente tenemos que tener una mirada, me parece, absolutamente diferente por todas aquellas personas que tienen este tipo de adicciones.
También el señor Ministro hablaba de que debe haber un pacto, un acuerdo entre los ministerios y yo creo que también tiene que haber un acuerdo y un pacto entre nosotros, los argentinos, entre la sociedad en definitiva, para poder ayudar y ayudarnos a comprender realmente cuál es el problema. Porque si uno no sabe realmente cuál es el problema, difícilmente pueda comenzar a formular instrumentos o políticas para poder solucionarlo.
Así que, quiero felicitar nuevamente al equipo de profesionales que están trabajando muy seria y arduamente en este tema con toda la seriedad que les da ser profesionales, con toda la seriedad que les da la ocasión de dedicarse a esto como una forma también de realización en la sociedad y una realización que cada uno de ustedes tiene por ayudar al otro. Porque, en definitiva, lo que están demostrando es una preocupación por lo que les pasa a los demás y esto de preocuparse por lo que les pasa a los demás, me parece que es un valor muy importante para rescatar.
No solamente hay que rescatar el nivel académico o científico de cada uno de los que trabajan en esto, sino también que es gente a la que le importa lo que le pasa a los demás, porque, independientemente de sus títulos y sus antecedentes académicos, tienen antecedentes en cuanto a la condición humana, que es el primer antecedente y el primer título que todos y cada uno de nosotros tenemos que tener para abordar problemas que son, precisamente, de la condición humana.
Yo no soy «lombrosiana», nunca creí en que los delincuentes nacen delincuentes, esto es de la Facultad, cuando nos enseñaban las teorías de Cesar Lombroso, y que por supuesto siempre descreímos de ellas.

Creo que el compromiso con la sociedad y con el prójimo pasa, precisamente, por eso, por saber que uno tiene que dar mucha ayuda y que la ayuda debe tener sí bases científicas, porque ahí sí tiene mucha importancia el dato científico, el haber sido preparado académica y científicamente para abordar los problemas. Pero la primera cuestión es abordarlo desde la humanidad, desde los derechos humanos, como lo acaba de decir el señor Ministro.
Me enorgullece como latinoamericana que hayan sido, precisamente, nuestro país, la Republica Argentina y los hermanos de la República Oriental del Uruguay, los que lo hayan instalado con tanta fuerza, con tanto ímpetu y con tanta aceptación como la que tuvieron en Viena.
Así que, felicitaciones y mí humilde contribución personal el que haga veinte años que haya dejado la única adicción que tenía. Tengo algunas otras, por ejemplo, la política que siempre la he tenido, pero fumé primero, tenía 14 años cuando fumé mi primer cigarrillo y 37 cuando fumé el último.
La verdad, y esto quiero transmitirlo porque me parece importante, es impresionante lo que cambia la calidad de vida, en todo, en aptitud, en predisposición. Hay que ayudarlo con mucha actividad física también, como una actitud frente a la vida, pero cambia totalmente, de no sentirse olor en la ropa hasta poder subir la escalera corriendo.

Esta es mi colaboración.
En definitiva, yo no soy una especialista en esto, simplemente quería contarles mi experiencia de vida cuando dejé el cigarrillo después de haber fumado dos atados por día e invito a todos a que lo puedan hacer, porque realmente uno vive mucho mejor.
Muchas gracias y buenas tardes a todos y

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