¿Qué les sucede a las ballenas a causa de los submarinos nucleares?

submarino Submarinos nucleares:
El excesivo consumo de oxígeno impide la utilización de motores diesel en los submarinos convencionales, que navegan con propulsión eléctrica, son lentos y de poca autonomía. Tras la Segunda Guerra Mundial la armada norteamericana decidió construir un submarino que aprovechara la fisión nuclear. Su desarrollo empezó en el Laboratorio Nacional de Oak Ridge (Tennesse). El jefe del proyecto era el capitán de navío Hyman G.Rickover. El combustible elegido fue el uranio altamente enriquecido en el isótopo radiactivo U235. El sistema de moderación y refrigeración fue el reactor de agua a presión (PWR). El sistema BWR, de agua hirviendo y también apto, no ha tenido continuidad en los diseños posteriores. El Nautilus, probado en 1954, tuvo un funcionamiento altamente satisfactorio. Sólo 5 años después la Unión Soviética construyó un submarino similar. Las críticas a la propulsión nuclear se basan en los problemas que generaría un accidente o acción bélica y la producción de residuos de larga vida. Para que un siniestro no se convierta en un desastre, el robusto sistema de control del reactor debe detener la reacción en cadena y la estructura reforzada debe impedir la fuga de la radiactividad contenida en el núcleo. En la actualidad hay unos 390 submarinos nucleares: 163 americanos, 200 ex soviéticos, 20 británicos y 7 franceses. Su desplazamiento varía entre las 2.300 toneladas de la clase Skate (EEUU) y las 30.000 de la clase Typhoon (antigua Unión Soviética). La mayoría son submarinos de ataque o lanzamisiles, de alta velocidad (más de 30 nudos en inmersión), y de autonomía prácticamente infinita.
La energía nuclear en la navegación:
El primer barco que navegó utilizando como fuente de energía un reactor nuclear fue el submarino Nautilus, 2870 tons de desplazamiento, construido en los EE.UU. y equipado con un reactor de este tipo diseñado por la Westinghouse; entró en funcionamiento en 1954 y hubo de reponer su carga de combustible en 1957 tras haber recorrido 60.000 millas, la mitad de las cuales se realizaron en inmersión. Al Nautilus siguió el también submarino Seawolf y más adelante el Skipjack, todos equipados con reactores del mismo tipo. Posteriormente, los EE.UU. construyeron los lanza-Polaris del tipo George Washington, que fue terminado en 1959, con un desplazamiento superior a las 5000 Tons. El portaaviones Enterprise, de 83.550 Tons. de desplazamiento, está propulsado por 8 reactores de agua ligera a presión del tipo S5W construidos por la Westinghouse. Dada la gran autonomía de los reactores nucleares, su utilización parecía muy apropiada en barcos de transporte que servían grandes distancias. Se botaron más tarde dos barcos mercantes con propulsión nuclear; el Savannah, barco mixto americano de carga y pasaje con 22.000 Tons. de desplazamiento. Equipado con un reactor de 63 MW térmicos de potencia, tiene una autonomía estimada de 300.000 millas y utiliza como combustible uranio enriquecido al 4,4 %. El otro barco es el rompehielos ruso Lenin, de 18.000 Tons., capaz de romper planchas de hielo de hasta 2,4 metros de espesor. Tiene una autonomía estimada de 12.000 horas y va provisto de tres reactores de 65 MW térmicos que utilizan como combustible uranio enriquecido al 5%.
Peligros del sonar activo:
Esta tecnología fue desarrollada en un principio por el Departamento de Defensa de los EE.UU. como respuesta a una amenaza militar percibida como consecuencia de una nueva generación de submarinos ultra-silenciosos, desarrollados por ellos mismos. En 1995 activistas para la protección del medio ambiente estadounidenses observaron las consecuencias nefastas de esta tecnología y denunciaron a la Armada estadounidense ante el Consejo de Defensa de los Recursos Naturales (NRDC). La relación entre el uso de esta tecnología y el varamiento de cetáceos está demostrada. Las ondas de sonido de frecuencias medias y bajas a muy alto volumen que produce el sonar activo causan, directamente, embolismos en los mamíferos marinos, como consecuencia de la presión y las resonancias provocadas dentro del organismo y/o porque, en su huida, provocan un ascenso desde las profundidades hacía la superficie demasiado rápido.

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    daimont sayari garcia

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