¿Vale la pena pelear a lo Pirro?

Pirro II: El rey que ganó perdiendo o perdió ganando

Triunfó en la batalla de Arcoli 275 años antes de Cristo este Rey de Epiro. Aplastó romanos como moscas con un arma nueva y desvastadora, que sólo a él -ingenioso estratega- se le había ocurrido.

Como arma precursora de los tanques blindados lanzó Pirro al campo enemigo una inmensa manada de elefantes. Las flechas romanas los incitaban aún más haciendo las veces de espuelas voladoras acelerando la marcha demoledora de estos paquidermos. Las legiones de centuriones quedaron aplastadas entre sus propios cascos y escudos.

Sus generales, eufóricos, acudieron a felicitar al jefe y éste los sorprende con la frase que atravesó dos mil trescientos años de historia: «Con otra batalla como ésta estoy perdido del todo». Pirro se dió cuenta tarde, pero al menos asimiló la experiencia de reconocer que los elefantes resultaron demasiado caros para una batalla. En 23 siglos -los que mandan- siguen librando guerras y batallas sin pensar en los costos.

Pero el triunfo de Pirro se consagra de otra manera ante la posteridad. Ha pasado a ser uno de los reyes guerreros más citados de los últimos milenios. Legó a la humanidad un interesante mensaje sabiendo que toda guerra tiene algo de «pírrica»: El costo de destruirse entre los pueblos supera siempre cualquier triunfo.

En su personalidad como rey político también se le encuentran cualidades valorativas. Según datos que acerca Plutarco uno de sus súbditos no dejaba de agraviarlo y difamarlo. Los funcionarios -atribulados por las difamaciones- le llevan la idea de desterrarlo. Pirro se negó terminantemente: «Jamás lo desterraré, que se quede aquí y me calumnie aquí todo lo que quiera que somos pocos. Si lo hace ante el mundo, ME CONVIENE MENOS»

Pirro solía manifestar entre sus amigos que tanto la vida como la muerte le resultaban indiferentes. Uno de ellos -siempre según Plutarco- le pregunta: «¿Si es así entonces porqué no te mueres…?» «Pues por lo que te decía, porque me da lo mismo seguir viviendo…»

Sin embargo encontró una muerte impropia de un rey guerrero que había vencido a la poderosa Roma en varias batallas. Al entrar en Argos al frente de su ejército una mujer desde lo alto de su casa le arroja una teja con asombrosa puntería. A los 46 años murió sin pelear, distraído, en un desfile con gloria y por medio de un proyectil proveniente de la mano de una mujer. Bochornoso. Fue en el año 272 a/C. Tres años después de constituirse en el primer antecesor de Montgomery, Rommel, Guderian, López Aufranc, etc..

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