Qué es la militancia política en Argentina?

“Donde hay una necesidad, hay un derecho” Evita
La grave crisis que atraviesa la Argentina después del diluvio neoliberal formula a las nuevas generaciones vinculadas a los trabajos sociales infinitas y apremiantes necesidades, que se manifiestan en la incesante sucesión de movilizaciones de los sectores más carenciados de la sociedad argentina.
Sin embargo, la respuesta posible e indispensable a esas múltiples exigencias sociales es la que las aborda en su conjunto, aunque requiere de la militancia asumir un gran desafío: el de transformar las labores reivindicativas, sectoriales y particulares, en tarea política.
En otras palabras: la militancia social resolverá su destino si enmarca su accionar en una estrategia orientada hacia la liberación nacional y profundiza su compromiso con las mayorías, porque los derechos se conquistan con la acción política.
Las estrategias de supervivencia (desde los merenderos hasta las ONGs) que la población ha creado para adaptar sus comportamientos a la exclusión y el desempleo son el reservorio de solidaridad y cultura del trabajo que se refugió en los subsuelos de una sociedad agredida por el egoísmo. Pero, más allá de haber conquistado políticas públicas municipales, provinciales y nacionales orientadas a contener la emergencia, esos titánicos esfuerzos resultan hoy respuestas insuficientes: carecen de horizonte utópico, de unidad y de la pasión transformadora que caracterizan a un movimiento político.
La cuestión nacional, en cambio, llama a pensar desde la premisa de que nadie se realiza en un país que no se realiza, y congrega a la comunidad de intereses que constituye la Nación a realizar la justicia social, que es la grandeza de la Patria. “Toda demanda de justicia social se identifica con el nacionalismo y no hay posible concepción nacional en un país colonial que no lleve implícita la demanda de justicia social”, nos enseñó Jauretche.
Hoy, el Estado ha retomado el papel que le corresponde en un sistema realmente democrático: restablecer la conciliación entre los diversos sectores que conforman la fragmentada sociedad argentina en pos de objetivos de bien común.
Pero en consecuencia con este cambio ético que Kirchner le ha impreso a su gobierno, son el hombre y la mujer argentinos, con su producción y su compromiso humanitario, quienes construirán su propio futuro. Con militancia, que significa protagonismo para cambiar una realidad que ofende.
El propio Pueblo argentino es el sujeto de la reconstrucción de la Nación. Y los militantes populares, portadores de una ética de servicio y una moral de lucha templada en la resistencia al modelo neoliberal, son los convocados para devolver su sustancia a la democracia como expresión de igualdad.
El imperativo de la hora es, entonces, recuperar la política y su discurso crítico para contribuir a la recreación de la organización, y acumular el poder político capaz de transformar colectivamente el injusto orden imperante, construir los derechos del Pueblo y alcanzar la satisfacción de las necesidades.
La política, en estos términos, supone ligar el trabajo social al acervo de antecedentes que le da su sentido ideológico permanente: la larga lucha del Pueblo por su liberación. Un sentido histórico, que trasciende la adscripción a partidos, corrientes, facciones o tendencias. Que abreva en un espacio mayor, socialmente definido como el conjunto del campo popular; que en términos políticos es el heredero de lo que se conoce como el “movimiento nacional”.
Militante, en esas circunstancias, no sólo es un ser sensible a la injusticia. Militante es aquel que, voluntariamente, asume como propias las necesidades de la mayoría, y lucha con ella hasta conquistar los derechos que las satisfagan. Y levanta un programa de lucha sencillo y positivo que postula la defensa del trabajo como fuente de integración social y desarrollo productivo y la redistribución del ingreso como principio político y no únicamente económico. Un programa que hoy se manifiesta en la lucha contra la exclusión y la desigualdad en tanto umbral de la conquista de la dignidad humana, precepto fundante de la soberanía nacional.
De esa enraizada misión derivan hoy las obligaciones ciudadanas, que son en rigor el imperativo histórico del momento: hay que construir el poder popular.
Una labor que no excluye la crítica; todo lo contrario, es su condición de posibilidad. Sin embargo, no estamos hablando de la crítica posibilista de los liberales que sólo piensan una Argentina subordinada a los centros de poder mundial. Tampoco estamos reclamando la asistencia del aporte crítico que desde un perfeccionismo colonizado se propone corregir la barbarie nativa por incomprensión del hecho cultural propio. Y advirtámoslo, también excluimos la crítica superadora por izquierda que ignora los marcos contingentes de la política.
Se trata de dejar de ser clientes -sea de doctrinas importadas o de punteros partidarios- para pasar a ser ciudadanos reflexivos, críticos y participantes. Dicho en otras palabras: militantes de la causa del Pueblo, constructores del movimiento nacional.

(*)Tenemos que volver a reconstruir el espacio de los militantes, de los cuadros, tenemos que volver a valorar la política, y no queremos que se repita la mecánica casi empresaria de la política que tiende a acordarse de los amigos y de los compañeros para utilizarlos en cuestiones electorales. No queremos ayudar a conjugar y a que todo el mundo nos diga que sí, a tener tropas “disciplinadas”, como se estila. Queremos tener compañeros que piensen, que nos digan la verdad, que tengan capacidad transgresora, que ayuden a equivocarnos lo menos posible. Queremos que los lugares políticos sean lugares de meditación, de formación, de conciencia cívica, que tiendan a consolidar una Argentina diferente. No queremos más la práctica de un culto al individualismo, a la personalidad y a la teoría del jefe. Esas teorías que tanto daño han hecho a la política argentina y han quebrado su calidad y hasta su propia moralidad los que quisieron llevarlas adelante. Cuando hay una masa crítica que piensa, que elabora, que participa, evita que aquellos que tenemos que ir a cumplir responsabilidades nos creamos más de lo que somos y nos olvidemos de dónde venimos y para qué venimos”.

Discurso de Néstor Kirchner, 11 de marzo de 2004

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